Una parada imprescindible en la ruta de Le Corbusier es La Unité d’Habitation, en Marsella.
Llegada a Marsella de noche: atravesamos las afueras, pasamos por una enorme mezquita de piedra blanca y después el puerto, que era una zona en la que barcos y arquitectura de barrio francesa compartían protagonismo en la ciudad.
La unité es un edificio al que le Corbusier llamó “cité radieuse” ciudad feliz, radiante. Una idea qua hoy no se da tanto: entre tanto uso, lujo y consumo parece más adecuado el desengaño que “las ideas felices”

En la cubierta, desde la que se ve la ciudad, las montañas y el mar, hay un espacio de paseo, deporte y una guardería. es como estar en un barco.
En el 3º piso está la calle comercial, con el hotel Le Corbusier, el restaurante Le ventre de l’architecte (!) y algunos locales. El resto son viviendas y el vestíbulo, donde se hacen exposiciones temporales y está el modulor: un relieve con las medidas del hombre ideal.

Si no tienes cita para ver el apartamento piloto (o si es domingo) lo mejor es tirar de timbres y no perder la oportunidad de ver alguna vivienda por dentro, si hay suerte y alguien la quiere enseñar…
Primera parada: 



